Matías González despertó sacudido por el frío, tras varias horas tumbado sobre la arena. A pocos metros, el filósofo francés Charles Londiac, a quien el periodista español había tenido ocasión de saludar durante el crucero, trataba de ponerse en pie. Matías asistió al francés alejándolo de la playa, caminando con él hasta un promontorio cercano. Una vez allí, ambos se dejaron caer bajo la sombra de una roca, visiblemente conmocionados.
Con la mirada perdida, el profesor Londiac recordaba haber estado acodado en la borda del trasatlántico esa misma noche; extasiado ante el espectáculo de un firmamento imposible de ver en otra parte, mientras el resto del pasaje disfrutaba de un baile de gala en el salón Casiopea.
La primera luz le dejó perplejo. Un diminuto amanecer anaranjado que se extendía hacia los lados, en el confín del vasto océano. Pronto llegaron otros soles. Después el sonido: lejano, grave, y brutal; trepando desde las olas oscuras por el costado del buque, atravesando su piel hasta hacer temblar cada cuaderna de la nave. La escalofriante certeza se hizo presente en su ánimo en unos segundos: a semejante distancia, y en tal número, aquellos resplandores hipnóticos solo podían ser el reflejo de una fuerza de destrucción global y devastadora.
Luego llegó la oscuridad…
Mientras trataba de acomodarse en el promontorio, Matías recordaba a su vez los acontecimientos recientes, seguidos con expectación y temor desde los televisores vía satélite del crucero. Primero, la inexplicable explosión nuclear en el centro de Berlín. Apenas seis horas después, una bomba sucia sembrando el terror en Los Ángeles, y convirtiendo la sospecha de un origen terrorista para el desastre alemán en una desoladora certeza. En las últimas doce horas, la información había sido escasa, inquietante y confusa: nadie sabía que estaba ocurriendo en realidad, más allá del estado de excepción decretado en toda la Unión Europea, y la movilización masiva de las fuerzas armadas de Estados Unidos, cuyo presidente sobrevolaba algún punto desconocido del mundo en su Air Force One. Pero el origen de aquellos ataques seguía siendo una incógnita.
Matías suspiró. Miró al profesor Lontiac.
-¿Cómo…? -¿Cómo ha podido llegar a ocurrir algo así? -preguntó sin levantar la vista.
-Bueno… -contestó despacio el anciano pensador- así es nuestra naturaleza.
Matías se giró bruscamente, mirando de hito en hito al filósofo.
-No comprendo… -dijo. -¿Qué quiere decir?
Mire allí, -contestó el francés- está empezando otra vez.
Matías miró hacia la playa, donde algunos supervivientes comenzaban a recobrar la conciencia entre los restos del naufragio. Los más cercanos eran tres italianos. Algo más allá, un grupo de americanos de clase media. Junto a la orilla varios saudíes parecían desolados, tras ellos…
-Matías sintió un escalofrío.
Se están haciendo grupos –pensó mientras miraba a Pontiac.
-¿También lo ha visto usted? -preguntó el anciano asintiendo.
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12 noviembre, 2008 a las 19:20
Texto apocalíptico donde los haya. A mi también se me han pasado historias similares por la cabeza alguna vez, pero con un final diferente. El tuyo aunque duro, quizás deje un rayo para la esperanza, o no.
13 noviembre, 2008 a las 3:42
…o sí. O no. Y en ese movimiento pendular llevamos ya unos cuantos milenios. Y lo que nos queda…
¡Un saludo!
14 noviembre, 2008 a las 1:21
Recuerdan la famosa pregunta? ¿Qué se llevarían a una isla desierta?
A una isla desierta hay que llevarse, creo yo, a otro ser humano para compartir, para luchar, para sobrevivir. Que pasa cuando nos llevamos dos?
La puñetara guerra, eso pasa. No aprendemos de nada.
Interesante relato.
Besos
18 noviembre, 2008 a las 8:52
Buena idea la de llevarse a otro ser humano Lys. Y sí, parece que no aprendemos nunca. Me alegra que te parezca interesante…
¡besos!
21 diciembre, 2008 a las 23:27
Venga perezoso….
23 diciembre, 2008 a las 12:46
jejeje Estoy empanao con tanta cena y tanta gaita (y eso que no ha hecho más que empezar la navidad), pero tienes razón: no hay que dormirse. ¡Gracias por el toque Lys!. A ver si tengo un ratito sí…
¡Muchos besos, y Feliz navidad!
17 abril, 2009 a las 1:12
tu articulo es muy interesate y me ha hecho reflexionar sobre un grupo de cosas y al final concluyo… el hombre amigo mio ES ASI Y COMO SE REMEDIA?
17 abril, 2009 a las 1:52
Quick Divorce: Esa es la pregunta del millón… Esperemos que algún día tengamos la respuesta.
¡saludos!